{"id":1063,"date":"2021-07-17T21:42:27","date_gmt":"2021-07-17T21:42:27","guid":{"rendered":"https:\/\/anthropological.cloud\/wau\/wcaa\/?post_type=propios-terminos&#038;p=1063"},"modified":"2025-05-12T20:05:07","modified_gmt":"2025-05-12T20:05:07","slug":"guber","status":"publish","type":"propios-terminos","link":"https:\/\/waunet.org\/wcaa\/propios-terminos\/guber\/","title":{"rendered":"Conocimiento antropol\u00f3gico, trabajo de campo y patetismo editorial. Cuesti\u00f3n de escala y de tiempo."},"content":{"rendered":"<p>Rosana Guber<a name=\"sdfootnote1anc\"><\/a><a href=\"#sdfootnote1sym\">\u00a01<br \/>\n<\/a> CIS-IDES\/CONICET, Argentina<br \/>\nA poco m\u00e1s de un siglo de su reconocimiento p\u00fablico como herramienta espec\u00edfica de generaci\u00f3n de conocimiento acad\u00e9mico propiamente antropol\u00f3gico, el trabajo de campo etnogr\u00e1fico ha cobrado una fama transnacional y trans-disciplinar. Y pese a los cambios de moda te\u00f3rica e incluso al advenimiento del internet, el trabajo de campo goza de extraordinaria salud, cualidad nada menor en un mundo de cambios tan profundos y hasta imprevistos. Intensivo, preferentemente cara a cara, prolongado o de cierta duraci\u00f3n (pero no fugaz) y comprometiendo la totalidad de la persona del investigador, nuestro trabajo de campo etnogr\u00e1fico ha sobrevivido a las cohortes, las escuelas y los enfoques, a trav\u00e9s de los pa\u00edses y de las regiones. \u00bf\u201cEstar ah\u00ed\u201d? \u00a1Decididamente s\u00ed! Hacer trabajo de campo de este tipo es estar, es perder el tiempo, es tener contratiempos, y es caminar a destiempo.<\/p>\n<p>El trabajo de campo etnogr\u00e1fico termina siendo un conjunto de pr\u00e1cticas y sentidos pr\u00e1cticos con disposiciones te\u00f3ricas que los antrop\u00f3logos nos hemos ingeniado para sostener pese a y en relaci\u00f3n con las coyunturas socio-pol\u00edticas del lugar, del pa\u00eds y de la regi\u00f3n, y con las orientaciones o sesgos y otros avatares de los mundos acad\u00e9micos. El trabajo de campo etnogr\u00e1fico no es s\u00f3lo cuesti\u00f3n de espacio (\u201cah\u00ed\u201d); es una cuesti\u00f3n de tiempo (\u201cestar\u201d).<\/p>\n<p>Pese a nuestras divergencias epistemol\u00f3gicas, los antrop\u00f3logos sabemos que no hay marca m\u00e1s distintiva de nuestra disciplina que esos modos de trabajar con la gente y que, a\u00fan cuando se argumente que la teor\u00eda manda, buena parte del conocimiento innovador y cr\u00edtico proviene de las relaciones que somos capaces de establecer con otras personas a las que, probablemente, no hubi\u00e9ramos conocido de no mediar nuestro inter\u00e9s acad\u00e9mico. Llamativamente, sin embargo, esta marca distintiva no se corresponde con nuestra presencia formal en el mundo de las humanidades y las ciencias sociales, y menos a\u00fan con nuestro desempe\u00f1o formal en el sistema acad\u00e9mico. \u00bfA qu\u00e9 me refiero? A que somos los mismos antrop\u00f3logos quienes ocultamos nuestro mayor tesoro. \u00bfC\u00f3mo? De muchas maneras.<\/p>\n<p>El trabajo de campo est\u00e1 pr\u00e1cticamente ausente de la mayor\u00eda de los CV de los investigadores. No hay un \u00edtem llamado as\u00ed, \u201cTrabajo de campo\u201d a secas, donde conste el per\u00edodo, la localizaci\u00f3n y el grupo de personas con quienes hemos trabajado. Y cuando ese ac\u00e1pite efectivamente se consigna se lo lee como mera excentricidad o vanidad corporativa. Pens\u00e1ndolo bien, ambas acusaciones son ciertas porque constituyen un privilegio. En sistemas acad\u00e9micos de premiaci\u00f3n a la publicaci\u00f3n incesante y a la gula curricular, tomarse el tiempo para conocer y hacer esto p\u00fablico en la carta de presentaci\u00f3n por excelencia, el CV, es una vanidosa excentricidad que otras disciplinas podr\u00edan acompa\u00f1ar o al menos mirar con m\u00e1s simpat\u00eda. La incre\u00edble aceptaci\u00f3n y hasta la adopci\u00f3n del trabajo de campo etnogr\u00e1fico por parte de los j\u00f3venes soci\u00f3logos, educadores, trabajadores sociales, comunicadores y cientistas pol\u00edticos confirma que esa presuntuosidad es un (buen) objeto de deseo y no una b\u00fasqueda del atajo f\u00e1cil (a\u00fan cuando m\u00e1s tarde se vean forzados a renegar de estos principios para pertenecer al mundo de la ciencia).<\/p>\n<p>Volviendo a los CVs, \u00bfpor qu\u00e9 ser\u00eda altamente conveniente que explicit\u00e1ramos en un rubro espec\u00edfico que hacemos trabajo de campo? Porque estar\u00edamos mostrando el tiempo que nos tomamos para conocer a nuestros \u201csujetos de estudio\u201d \u2026 y s\u00f3lo para eso!!!; porque estar\u00edamos mostrando que nuestras ulteriores publicaciones en la tem\u00e1tica resultaron de aquel trabajo, acaso menos visible y s\u00f3lo mensurable en la calidad y complejidad del mundo social al que nos referimos; porque si es verdad que hicimos trabajo de campo por X cantidad de tiempo, no nos pidan resultados irresponsables como adelanto ni que publiquemos sobre lo que no sabemos \u2026 todav\u00eda; porque hacer trabajo de campo y tomarnos el tiempo para hacerlo mostrar\u00eda, m\u00e1s que vanidad, verdadera humildad acad\u00e9mica ya que aunque nos inunden de teor\u00eda a lo largo de las cursadas, hace falta tiempo cronol\u00f3gico y humano para conocer a la gente.<\/p>\n<p>Otra manera de ocultar nuestra marca distintiva es evidente en que las experiencias de campo est\u00e1n pr\u00e1cticamente ausentes de nuestras publicaciones. Aunque la tendencia haya comenzado a revertirse en los \u00faltimos a\u00f1os, los antrop\u00f3logos, particularmente en Am\u00e9rica Latina, no consideramos que el trabajo de campo en s\u00ed merezca ser objeto de an\u00e1lisis para un libro, una compilaci\u00f3n o un art\u00edculo. Es interesante que desde los a\u00f1os \u201980 buena parte de las reflexiones de los llamados \u201cpostmodernos\u201d radic\u00f3 en las experiencias antropol\u00f3gicas de campo. Empezaron Paul Rabinow, Vincent Crapanzano y Paul Dwyer, todos ellos con hombres marroqu\u00edes. Y le siguieron huestes de antrop\u00f3logos que expon\u00edan y reflexionaban, con distintas suertes, acerca de sus experiencias en campo bajo fuego, en situaciones problem\u00e1ticas (Scheper-Hughes, Ginzburg), en contextos de transici\u00f3n pol\u00edtica, en per\u00edodos pret\u00e9ritos, etc. Estos textos pueden incluir experiencias o an\u00e9cdotas en Latinoam\u00e9ric<a name=\"sdfootnote2anc\"><\/a><a href=\"#sdfootnote2sym\">\u00a02 <\/a> \u00a0pero no art\u00edculos escritos por antrop\u00f3logos latinoamericanos y\/o residentes en instituciones acad\u00e9micas latinoamericanas. Por nuestra parte, y con algunas excepciones en la Argentina, Brasil y M\u00e9xico (excepciones a\u00fan al interior de las academias de esos pa\u00edses, ver Guber 2014, Introducci\u00f3n a\u00a0<em>Pr\u00e1cticas Etnogr\u00e1ficas<\/em>), los antrop\u00f3logos latinoamericanos no escribimos sobre nuestros trabajos de campo.<br \/>\nOtra v\u00eda para el ocultamiento \u00edntimamente relacionada con la anterior sucede cuando el \u201ctrabajo de campo\u201d como cuesti\u00f3n y como objeto est\u00e1 ausente de nuestras elucubraciones te\u00f3ricas. Y estoy bastante inclinada a pensar que no escribimos sobre nuestros trabajos de campo porque no sabemos qu\u00e9 hacer con ellos, SALVO tomarlos como instancia de registro\/construcci\u00f3n\/producci\u00f3n de datos. La an\u00e9cdota es para los pasillos y, eventualmente, para aligerar la carga te\u00f3rico-expositiva de las clases, no para permitirnos reflexionar acerca de los desaf\u00edos que la gente le plantea a nuestro etnocentrismo (\u00a1algo de esto ya lo planteaba Georges Devereux hace unos 50 a\u00f1os!). La consecuencia epistemol\u00f3gica es inmediata aunque tratemos de contrarrestarla con t\u00e9rminos \u201cpol\u00edticamente correctos\u201d y \u201cacad\u00e9micamente aceptables\u201d tales como que nosotros no \u201crecolectamos datos\u201d como hacen los \u201cempiristas\u201d o \u201cpositivistas\u201d; nosotros los \u201cproducimos y construimos\u201d o, mejor, los \u201cco-construimos\u201d. Sin embargo, nuestros escritos desmienten nuestras declaraciones de principios epistemol\u00f3gicos. \u201cBorramos con el codo lo que escribimos con la mano\u201d. Al no analizar conceptualmente las instancias de trabajo de campo, en particular los desacuerdos, las desavenencias y los malos entendidos, plantamos en los textos el \u201cdato pelado\u201d como si tuviera un sentido transparente y propio, al que se puede transcribir sin contexto ni situaci\u00f3n. Si el dato est\u00e1 solo pierde su sentido humana y anal\u00edticamente \u00fatil, sentido que se produce al calor de las situaciones y de su historia, tanto de la experiencia de nuestros interlocutores con gente como nosotros como de la trayectoria de nuestra relaci\u00f3n (concreta) con ellos.<\/p>\n<p>Por supuesto que el trabajo de campo est\u00e1 ausente incluso de las elaboraciones que resultan de la Gesti\u00f3n (lo que antes se llamaba \u201cantropolog\u00eda aplicada\u201d), porque si hay algo que no debe dar lugar a dudas es que los investigadores estamos del lado pol\u00edticamente correcto de la Historia, de la Gesti\u00f3n y de la Academia. El trabajo de campo narrado, a veces con crudeza, muestra que aqu\u00e9llos a los que queremos o decimos representar en nuestros escritos (por su propio bien, no por el nuestro, \u00a1claro!) no siempre est\u00e1n de acuerdo ni con lo que hacemos, ni por qu\u00e9 lo hacemos ni para qu\u00e9 ni para qui\u00e9nes. No es semejante dato una sorpresa. Generalmente nos fue advertida durante el trabajo de campo pero no lo incorporamos a la elaboraci\u00f3n sustantiva.<\/p>\n<p>En todo este esfuerzo por no exponer(nos en) el trabajo de campo, el gran instrumento es la escritura. Cuando escribimos, o sea, cuando analizamos y conceptualizamos, describimos y componemos, imponemos la voz (nuestra) para hablar de las voces (de otros) sin dar cuenta de ellas. Esta maniobra no puede ocurrir en el campo porque no nos lo permiten, y tampoco cuando ya estamos fuera de \u00e9l pero nos interesan las opiniones de la gente acerca de lo que decimos de ella, quiz\u00e1s porque volveremos a verla y\/o a necesitarla para una pr\u00f3xima misi\u00f3n; s\u00f3lo entonces ponemos especial cuidado. Pero cuando el tiempo apremia, cuando hay que terminar la tesis o entregar el art\u00edculo, cuando hay que publicar y decir algo como sea, la gente pasa a ser un mero recurso para redondear\u00a0<em>papers<\/em>\u00a0e inventar interpretaciones \u201ccoherentes\u201d. Entonces distribuimos datos pelados a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas, o presentamos la informaci\u00f3n sin tensi\u00f3n ni contradicci\u00f3n. Entonces sucede lo siguiente: la informaci\u00f3n o los datos se presentan como representando a la gente que \u201cconocimos\u201d; la gente que conocimos supuestamente representa o es metonimia de un problema o cuesti\u00f3n; esa cuesti\u00f3n proviene de nuestros mundos-sesgos-orientaciones te\u00f3ricas pero tambi\u00e9n de las necesidades acad\u00e9micas y del sentido com\u00fan ciudadano. As\u00ed, sutilmente y llenos de palabras terminamos inventando realidades y personajes. Solemos quejarnos de la soledad en la que trabajamos y es verdad: los procesos de escritura est\u00e1n lejos del campo y de su gente. Lo que otrora se consideraba garant\u00eda de concentraci\u00f3n y objetividad, hoy entra\u00f1a un riesgo pr\u00e1cticamente inevitable: escribir por ellos, no para ellos ni mucho menos con ellos. Hay algunos remedios para contrarrestar esta tendencia: dar a leer cap\u00edtulos, o explicarlos cara-a-cara, u observar etnogr\u00e1ficamente qu\u00e9 sucede con nuestros lectores y analizar lo que suele llamarse \u201cel proceso de recepci\u00f3n\u201d de nuestras obras. S\u00f3lo conozco dos art\u00edculos (para m\u00ed extraordinarios) donde Patricia Fasano se refiere a un incidente con la gente que conoci\u00f3 durante muchos a\u00f1os \u201cprovocado\u201d por su libro sobre esa misma gente (el Club de Abuelas del barrio \u2018La Pasarela\u2019 de Paran\u00e1, Entre R\u00edos (2014).<\/p>\n<p>Ahora bien: debe haber varias razones para que nuestra principal instancia de producci\u00f3n de conocimiento permanezca oculta o silenciada en una disciplina con tan potente base emp\u00edrica e involucramiento personal de sus hacedores. Se me ocurre que los c\u00e1nones \u201cinternacionales del avance de la ciencia\u201d tienen mucho que ver con todo esto: publicar constantemente, en lo posible art\u00edculos, en buenas revistas con referato doble ciego y de punta, es decir, en ingl\u00e9s, que en lo posible integren el primer cuartil (por eso son\u00a0<em>top<\/em>) donde figuran las publicaciones de las grandes editoriales acad\u00e9micas en las que, supuestamente, se desarrollan los debates importantes de LA disciplina. Claro que esos debates son los que interesan a ciertos n\u00facleos acad\u00e9micos porque, como han sostenido los colegas latinoamericanos de la Red Antropolog\u00edas del Mundo (Gustavo Lins Ribeiro, Arturo Escobar y Eduardo Restrepo, entre muchos otros), la globalizaci\u00f3n no es una s\u00edntesis de todas nuestras antropolog\u00edas sino la globalizaci\u00f3n de unas poqu\u00edsimas antropolog\u00edas locales. Como las lenguas y los debates tienen patria, jerarqu\u00eda, espacio y tiempo, para participar en ellos es necesario que quienes no crecimos ni nos socializamos al interior de sus fronteras hagamos el esfuerzo por pertenecer en cuerpo, alma e idioma, a sus razones e incentivos. Pero \u00bfson esos debates realmente interesantes para nosotros? \u00bfY son importantes para aqu\u00e9llos con quienes trabajamos? \u00bfSon relevantes para nuestras coyunturas? \u00bfSon nuestras coyunturas, debates y sujetos de estudio los mismos o equivalentes a los de los mundos acad\u00e9micos que establecen las relevancias de LA antropolog\u00eda?<\/p>\n<p>Henos aqu\u00ed con una verdadera cuesti\u00f3n de escala. Pero \u00bfqu\u00e9 escala y en qu\u00e9 sentido? Algunos colegas argentinos, como quienes integraron la compilaci\u00f3n de Sabina Frederic y Germ\u00e1n Soprano,\u00a0<em>Pol\u00edtica y variaciones de escalas en el an\u00e1lisis de la Argentina\u00a0<\/em>(2009), presentan interesantes tratamientos en la materia y proponen que en vez de tomar lo local como ilustraci\u00f3n o ejemplo de lo general, la escala se recorra en ambos sentidos, haciendo dialogar a lo particular y lo general y explicitando los canales de dicho di\u00e1logo, especialmente a trav\u00e9s de la presencia y circulaci\u00f3n concreta de sus actores sociales. Los antrop\u00f3logos sabemos bastante de esto porque lo aprendemos y adquirimos a trav\u00e9s y atravesados por el trabajo de campo.<br \/>\nAhora bien: \u00bfpor qu\u00e9 no aplicamos esta l\u00f3gica escalar a nosotros mismos y a la organizaci\u00f3n de la disciplina estudiosa de la alteridad? Por ejemplo, \u00bfc\u00f3mo entendemos nosotros, los antrop\u00f3logos argentinos, que opera esa escala que va de \u201clo particular\u201d\u2014p.e., lo platense o lo cordob\u00e9s\u2014a \u201clo general\u201d\u2014p.e., lo parisino o lo tejano? En todo caso, \u00bfpor qu\u00e9 tendr\u00edamos que recorrer la escala en ese sentido y no en el eje Sur-Sur, que otros colegas vienen plante\u00e1ndose desde los \u201990 (Krotz, Quijano, Dussel, De Souza Santos, Beigel y Sabea, etc.)? Nuestras antropolog\u00edas argentinas tienen sus trayectorias y sus contradicciones, sus corrientes y sus obst\u00e1culos, su memoria y sus silencios, y tambi\u00e9n tienen sus modos de posicionarse en la disciplina y en el concierto acad\u00e9mico de las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias. \u00bfC\u00f3mo intervienen nuestros trabajos de campo en estas trayectorias, en esas memorias y silencios, en esas contradicciones que recorren a nuestras antropolog\u00edas? \u00bfC\u00f3mo intervienen en los sistemas de evaluaci\u00f3n, publicaci\u00f3n y lectura? Y \u00bfc\u00f3mo en los mecanismos de transmisi\u00f3n y socializaci\u00f3n, tanto los formales en el aula, como los informales en \u201clos pasillos\u201d y dem\u00e1s espacios intersticiales?<\/p>\n<p>Como quiera que sea, quienes hacemos investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica aspiramos a decir algo de este mundo y decidimos hacerlo desde un sistema de pr\u00e1cticas y nociones que compartimos\u00a0<em>grosso modo\u00a0<\/em>con otros centros de trabajo en la misma disciplina en el resto del mundo. Pero, dicho esto, nos damos cuenta que a nosotros nos pasa lo mismo que a la disciplina que practicamos: nos motiva la unidad en la diversidad. Aunque algunos se inclinen m\u00e1s por la unidad y otros por la diversidad, la antropolog\u00eda acad\u00e9mica, ya expandida e implantada en todos los continentes (incluyo con cautela al ant\u00e1rtico), es una y diversa. Y sin embargo no es la misma ni se realiza del mismo modo ni con los mismos m\u00f3viles ni con las mismas consecuencias. Aqu\u00ed reside su riqueza y su potencial innovador, como que aqu\u00ed reside, adem\u00e1s, su reto a la pat\u00e9tica vara de la homogeneizaci\u00f3n encabezada por el capitalismo editorial cient\u00edfico y el seguidismo de las agencias cient\u00edficas de algunos estados nacionales. Es \u00e9sta una avenida de reflexi\u00f3n que ser\u00eda interesante poner en discusi\u00f3n y que, por supuesto, no consiste en observar la buena o mala aplicaci\u00f3n de Malinowski o Godelier, ni advertir c\u00f3mo tal o cual autor ha sido \u201clargamente superado\u201d. Es en la conjunci\u00f3n de los sitios acad\u00e9micos con el trabajo de campo y los innumerables circuitos por los que circulan y se hacen y se inventan las teor\u00edas y los conceptos, donde producimos una disciplina a la vez cient\u00edfico-social y human\u00edstica verdaderamente din\u00e1mica, bregando siempre por el respeto de la diversidad humana. Tambi\u00e9n por la nuestra, la propiamente antropol\u00f3gica, que es una diversidad respetable, interesante y fruct\u00edfera.<\/p>\n<h2>Endnotes<\/h2>\n<p><a name=\"sdfootnote1sym\"><\/a><a href=\"#sdfootnote1anc\">1\u00a0 <\/a> Rosana Guber es doctora en antropolog\u00eda por la Johns Hopkins University, Baltimore, EE.UU. Dirige el Centro de Antropolog\u00eda Social del IDES y la Maestr\u00eda en Antropolog\u00eda Social del IDES-IDAES\/UNSAM. Es profesora en esta maestr\u00eda y en los posgrados en Antropolog\u00eda de las universidades nacionales de Misiones y de C\u00f3rdoba y en el posgrado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Sus temas de investigaci\u00f3n son el m\u00e9todo etnogr\u00e1fico (<em>El salvaje metropolitano,\u00a0<\/em>1991\/2004;\u00a0<em>La etnograf\u00eda: m\u00e9todo, campo y reflexividad,\u00a0<\/em>2001\/2012;\u00a0<em>La articulaci\u00f3n etnogr\u00e1fica\u00a0<\/em>2013,\u00a0<em>Pr\u00e1cticas etnogr\u00e1ficas,\u00a0<\/em>2014), memoria social y la experiencia de protagonistas directos en la guerra de Malvinas (<em>De chicos a veteranos\u00a0<\/em>2004\/2011;\u00a0<em>Por qu\u00e9 Malvinas?\u00a0<\/em>2001;\u00a0<em>Experiencia de halc\u00f3n\u00a0<\/em>2016) y antropolog\u00eda de las antropolog\u00edas argentinas (<em>Historia y estilos de trabajo de campo en Argentina,\u00a0<\/em>con S. Visacovsky, 2002;<em>\u00a0Antropolog\u00edas argentinas\u00a0<\/em>2014). Es ganadora del Diploma al M\u00e9rito y del Premio Platino de la Fundaci\u00f3n Konex en la especialidad Antropolog\u00eda\/Arqueolog\u00eda, Humanidades, edici\u00f3n 2016.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote2sym\"><\/a><a href=\"#sdfootnote2anc\">2\u00a0 <\/a> Algunos t\u00edtulos, la mayor\u00eda compilaciones, son\u00a0<em>Being Changed<\/em>\u00a0(1994) de Young &amp; Goulet,\u00a0<em>Anthropologists in a wider world<\/em>\u00a0(2000) de Dresch, James y Parkin,\u00a0<em>Constructing the field<\/em>\u00a0(2000) de Amid,\u00a0<em>Fieldwork dilemmas<\/em>\u00a0(2000) de De Soto y Dudwick,\u00a0<em>Fieldwork is not what it used to be<\/em>\u00a0(2009) de Faubion y Marcus,\u00a0<em>Being There<\/em>\u00a0(1999) de Watson,\u00a0<em>Reflexive Ethnography<\/em>, de Aull Cimino,\u00a0<em>Journeys through ethnography<\/em>, (1996) de Larean y Shultz,\u00a0<em>Out of the Study into the field<\/em>\u00a0(2010) de Parkin y Sales (incluye an\u00e1lisis de los trabajos etnogr\u00e1ficos de A.M\u00e9traux, P.Rivet y R.Bastide en Bolivia, Chile, Colombia y Brasil),\u00a0<em>Interpreting the field<\/em>\u00a0(1993) de Hobbs &amp; May,\u00a0<em>When they read what we write<\/em>\u00a0(1993) de Bretell,\u00a0<em>Ethnographic Fieldwork<\/em>\u00a0(2007) un fabuloso\u00a0<em>reader<\/em>\u00a0de Robben y Sluka, y\u00a0<em>Fieldwork under Fire<\/em>, de Robben y Nordstrom,\u00a0<em>Nurturing Doubt,\u00a0<\/em>de Miller. T\u00e9llez Infantes public\u00f3 en Espa\u00f1a\u00a0<em>Experiencias etnogr\u00e1ficas\u00a0<\/em>(2004)<em>,\u00a0<\/em>donde s\u00f3lo un autor es y reside fuera de Espa\u00f1a. El resto de los textos re\u00fanen art\u00edculos de la autor\u00eda de brit\u00e1nicos, norteamericanos (estadounidenses y canadienses), europeos franceses, n\u00f3rdicos, alemanes, austr\u00edacos, daneses, algunos espa\u00f1oles si el\u00a0<em>reader<\/em>\u00a0es \u201ceuropeo\u201d, y franceses. Todo esto no puede ser m\u00e1s llamativo: los grandes centros acad\u00e9micos metropolitanos se nutren y regeneran su capital acad\u00e9mico de formar a los intelectuales del Tercer Mundo o del Sur. Sin embargo, esto no redunda en coautor\u00edas ni en convocatorias a estas publicaciones, a\u00fan cuando los metropolitanos hagan trabajo de campo en nuestros pa\u00edses. Estas consideraciones, por supuesto, no mellan la calidad del emprendimiento, la compilaci\u00f3n, la introducci\u00f3n, los autores y los art\u00edculos, los cuales pueden ser excelentes y provocativos o pol\u00edticamente correctos o superficiales u obvios y simples o inocentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rosana Guber\u00a01 CIS-IDES\/CONICET, Argentina A poco m\u00e1s de un siglo de su reconocimiento p\u00fablico como herramienta espec\u00edfica de generaci\u00f3n de conocimiento acad\u00e9mico propiamente antropol\u00f3gico, el trabajo de campo etnogr\u00e1fico ha cobrado una fama transnacional y trans-disciplinar. 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